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    Imagen Beisbol 1 artemisacamagueyLogo Tigres ciego de avilacienfuegosgranmaguantanamoholguinindustrialesisla de la juventudlas tunasmatanzasmayabequepinar del riosancti spiritussantiago de cubavilla clara Posiciones Finales: 1-Ciego de Ávila, 2-Isla de la Ju­ventud, 3-Matanzas, 4-Granma, 5-Pi­nar del Río, 6-Industriales, 7-Artemisa, 8-Holguín, 9-Sancti Spíritus, 10-Las Tunas, 11-Santiago de Cuba, 12-Villa Clara, 13-Guantánamo, 14-Maya­be­que, 15-Cienfuegos, 16-Camagüey. Tabla de Posiciones Segunda Ronda (actualizada 1 am 20-3-2015)
    Equipos JJ JG JP DIF
    Matanzas C 87 55 32 -
    Granma C 87 53 34 2.0
    C de AvilaC 87 50 37 5.0
    I.JuventudC 87 49 38 6.0
    P. del Rio 87 48 39 7.0
    Industriales 87 46 41 9.0
    Artemisa 87 39 48 16.0
    Holguin 87 36 51 19.0
    Tabla de Posiciones Primera Ronda (actualizada 1 pm 25-12-2014)
    Equipos JJ JG JP DIF
    MatanzasC 45 31 14 -
    GranmaC 45 29 16 2.0
    I.JuventudC 45 27 18 4.0
    ArtemisaC 45 25 20 6.0
    IndustrialesC 45 25 20 6.0
    C. de AvilaC 45 24 21 7.0
    P. del RioC 45 24 21 7.0
    HolguinC 45 23 22 8.0
    S. Spiritus 45 22 23 9.0
    Las Tunas 45 21 24 10.0
    S. de Cuba 45 21 24 10.0
    Villa Clara 45 21 24 10.0
    Guantánamo 45 19 26 12.0
    Cienfuegos 45 16 29 15.0
    Camaguey 45 16 29 15.0
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Estadio de Morón: lo han dejado dormir

Por Yasmani Gómez Gutiérrez Fotos Nohema Díaz Muñoz

Foto estadioFrente a mí, un estadio de obligada mención cuando los historiadores hablan del desarrollo del béisbol en Cuba. No se trata del mítico Palmar del Junco, ni del imponente Coloso del Cerro (Latinoamericano); se encuentra justo al Norte de la geografía de Ciego de Ávila y ostenta varias marcas que lo clasifican como un precursor, si de adelantos tecnológicos y arquitectónicos se trata.

Imagino, entonces, que allá por 1958 los titulares radiales asombraran a muchos con la noticia: El Stadium de Morón, el primero del país y el segundo de América Latina, con pizarra eléctrica… El segundo de la Isla con iluminación artificial… La nueva sede de los Cubans Sugar Kings.

A la vista de todos yace el estadio Paquito Espinosa, una reliquia a la que el paso del tiempo, la falta de recursos y la dejadez amenazan con despojarle de los momentos de esplendor que una vez vivió, cuando se erigía como una plaza de referencia para el movimiento atlético cubano.

Precisamente, al pasado se aferran los moronenses para rescatar no solo al que consideran su principal símbolo deportivo, sino, también, una obra de gran impacto social y cultural. Invasor digital hizo “swing” a la problemática, e intentó despejar las dudas que existen alrededor del tema.

EL FARO DEL NORTE

Sería imposible hablar de esta instalación sin antes conocer lo que representa para los aficionados, por las condiciones en que surgió. En esos predios la práctica organizada del béisbol se remonta a los inicios del siglo XX, momento en que los lugareños se insertaron en varias ligas interprovinciales y del sector Azucarero, que se efectuaban en terrenos aledaños a los centrales.

Sin embargo, la inexistencia de una construcción de este tipo en la cabecera municipal motivó la creación de un estadio capaz de acoger al público ávido de béisbol que habitaba en esos parajes.

Primero como una iniciativa del pueblo encabezada por el Doctor Benito Llanes, y luego con el financiamiento de la alcaldía, la obra vio la luz a finales de 1957.

“No creíamos lo que presenciaban nuestros ojos, era un sueño hecho realidad”, expresa Arquímedes Romo, locutor deportivo y toda una autoridad en el tema.

“En ese momento, el señor Roberto Maduro, Bobby, accionista del equipo Cincinnati Reds, de las Grandes Ligas, uno de los dueños del equipo Cienfuegos y el propietario mayoritario de la franquicia de los Cubans Sugar Kings, vio la oportunidad de arrendar un estadio nuevo, de equiparlo y convertirlo en un centro de entrenamiento internacional que respondiera a los intereses de sus organizaciones.”

Maduro, quien, además, era colono del central Cunagua, firmó un convenio con el Ayuntamiento por un período de 10 años y, el 9 de abril de 1958, efectuó un intento fallido de inauguración, en una fecha en la que ni el propio deporte de las bolas y los strikes pudo ser más importante que la Huelga General Revolucionaria.

“Esa noche ocuparon las gradas policías, políticos y personas que apoyaban al gobierno de Batista, del pueblo no había casi nadie. El legítimo estreno del Stadium de Morón (así lo bautizaron en aquel momento) fue el 14 de junio de 1958 y con las gradas a tope, pisaron el diamante los Cubans Sugar Kings y las Agujas de Miami, en un partido correspondiente a la Liga Internacional de la Florida”, cuenta Romo.

Además de dos contendientes de nivel, los presentes contemplaron la joya arquitectónica que se erigía en tierras moronenses, equipada con adelantos tecnológicos comparables con los del Coloso del Cerro, al cual, incluso, superaba en varios.

Por primera vez, en el territorio nacional irradiaba detrás de los jardines una pizarra eléctrica, la que dejó boquiabiertos a los habitantes de la Ciudad del Gallo. Asimismo, desde el punto de vista arquitectónico, el techo exhibió una placa volada con tensores contrapesados, sin vigas que interrumpieran la visibilidad de los espectadores a cualquier ángulo y altura (aún en la actualidad esta es la única instalación con ese tipo de estructura en la Isla).

El alumbrado artificial, que comprendía ocho torres lumínicas, era un privilegio que solo ostentaban los capitalinos. Se colocaron sillas de madera en los palcos bajos y altos, los vestidores se acondicionaron con duchas de agua caliente y fría, y se instaló un sistema intercomunicativo que enlazaba a la cabina de transmisión radial con la caseta de anotación, los dugouts y la pizarra.

Meses después, el uso del estadio como galería del deporte profesional llegaría a su fin. Con el triunfo de la Revolución, en enero del ’59, pasó a manos del pueblo y se convirtió en cuna del béisbol revolucionario. Allí se celebraron enfrentamientos de la Serie Nacional y torneos regionales con la participación de los equipos Azucareros, Orientales y Granjeros, al no contar estos conjuntos con alumbrado artificial en sus respectivas sedes.

La instalación no solo sería escenario de partidos de pelota, además, acogería carteles de boxeo, enfrentamientos futbolísticos, galas político-culturales, graduaciones de los distintos niveles de enseñanza, presentaciones de atletas y artistas de varios países, como los clubes Dinamo de Moscú y Baník Ostrava, y una brigada circense china, entre otras delegaciones.

“Era un estadio con una actividad tremenda”, dice Eulogio Vilanova, Papó, sin poder ocultar, tras unas gafas oscuras, la emoción que le provoca rememorar los tiempos en que fungía como administrador.

Otro que dedicó gran parte de su vida al Paquito Espinosa fue Ramón Pérez, Mongo, director de Deportes del municipio desde inicios de los años ’70 hasta finales de los ’80 del pasado siglo. Pérez asegura que en esos tiempos las condiciones económicas permitían darle un mantenimiento sistemático a la instalación, que la conservaba entre las mejores del país, aun cuando no fuera la sede de los avileños en las series nacionales. Luego vendría la debacle.

“En el Período Especial comenzaron los problemas graves, pero ante nuestras quejas nos ‘pelotearon’ de un lugar para otro y, al final, nunca llegaron las respuestas. Soy de los que piensan que las culpas no pueden achacársele solo a la carencia de recursos, también ha existido despreocupación y falta de amor de los que deciden por el deporte”, concluye Pérez.

Los últimos latidos constructivos se escucharon en marzo de 2009, fecha en la que se retiró parte del sistema de alumbrado de las torres. De ese momento para acá, casi nada.

ROSTROS DEL DETERIORO

La dejadez, entre otros motivos, le ha cambiado el nombre a la instalación. Desde lejos puede leerse en la pizarra STADIO PAQUIT PINOSA, y la duda sobre el paradero de las letras es sustituida con la interrogante de por qué algo tan simple de solucionar denigra la imagen de una edificación tan emblemática.

Junto al graderío resaltan dos estructuras metálicas que una vez fueron una jaula de bateo, y varias plataformas de lanzamiento montadas en 1998 para el entrenamiento del equipo Cuba, y ahora no son más que hierro oxidado; los pedazos de techo sin repello, donde crece el musgo, advierten que por allí se filtra agua a las gradas; la formica desprendida de las cabinas y la pintura descascarada incrementan la lista de irregularidades.

El desplazamiento por otras áreas revela la crítica situación de los ventanales, falsos techos y cristalería de oficinas y salones, las deprimentes condiciones higiénico-sanitarias de los baños y la inhabitabilidad de los albergues.

El desprendimiento del repello del techo de las gradas impide la entrada de un público numeroso al estadio

Sin dudas, la reparación capital constituye el único antídoto para sacar al Paquito Espinosa del estado en que se encuentra. Se dice fácil, pero necesita una suma de dinero que a la Dirección de Deportes del municipio le resulta imposible sufragar.

Maira Cristina Díaz, directora de esa esfera en el norteño territorio, explica que el presupuesto asignado cada año para la reparación y mantenimiento de las instalaciones deportivas es ínfimo en comparación con lo que el estadio requiere, “no nos alcanza ni para pintarlo”.

Una valoración aproximada realizada por una brigada de la Dirección Municipal de la Vivienda arrojó que la reparación ronda los 788 000,00 pesos, muy por encima de los 40 000,00 destinados para este tipo de funciones.

Para conocer sobre las proyecciones que se manejan con respecto al tema, Invasor digital conversó con Yoenki Tapia Valido, presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular. A juzgar por sus respuestas, todo parece indicar que la problemática “pica y se extiende”.

Según explicó el dirigente, la única posibilidad de financiamiento para el estadio radica en las inversiones no nominales que pueden ejecutarse desde el Consejo de la Administración Provincial. Lo que se traduce en que el Presidente de esa instancia tiene la capacidad de asignar una suma de dinero para una obra específica, sin que ello esté incluido en el presupuesto del año.

“Por supuesto, no se puede solicitar el dinero si no existe un proyecto que detalle los recursos que se van a utilizar”, explica Tapia. A lo que se suma que para realizar el mencionado proyecto antes debe aprobarse una suma para el pago de los expertos.

El proceso se torna largo y engorroso. Lo primero, no obstante, es establecer las prioridades, aquellas acciones que no precisan de la asignación de dinero, ni exceso de fuerzas: sobresale el retiro de las dos torres del techo, con peligro de derrumbe, que de caer es muy probable que afecten la placa.

Para quitarlas se requiere una grúa con características determinadas (con una fuerza superior a las 40 toneladas y un brazo que sobrepase su altura), que en estos momentos no existe en la provincia, aunque, asegura Tapia, ya se realizan las gestiones pertinentes para su localización.

Si bien muchos saben que los buenos tiempos del Paquito Espinosa demorarán en retornar, tampoco pierden la oportunidad para recordarnos que el olvido jamás es una opción. El mentor de Los Tigres, Roger Machado, vio despegar sobre ese diamante su carrera deportiva, por eso repitió una y otra vez que le debe todo. “Es una lástima que se encuentre en esas condiciones. Debería recuperarse, para el bien de las nuevas generaciones de atletas, la salud del béisbol cubano y por el significado que tiene para los moronenses.”

Otro que pidió la palabra fue Gilberto Miranda, diputado a la Asamblea Nacional de Poder Popular, y se refirió a las potencialidades que alberga la instalación.

“Se está desaprovechando un espacio que, de rescatarse, podría convertirse en una atracción turística más del territorio, que reportaría una fuente importante de ingresos para el país si de ella se hiciera un uso eficiente.

“Por otro lado, es increíble la cantidad de gente que me para en la calle preocupada. No obstante, tengo plena convicción de que volverá a lucir sus mejores galas. El tiempo dirá.”

Mientras llegan esos días, el estadio parece sumido en un sueño intranquilo, como si viviera una pesadilla cuyo desenlace fuera el deterioro total. De no sacarlo de ese letargo en el que lleva varios años no solo perderíamos un lugar formador de futuros campeones y un espacio donde disfrutar de nuestro principal espectáculo deportivo, sino desaparecería, sobre todo, un pedazo importante de la identidad de los moronenses.

Un aficionado, cuando ya nos marchábamos de la instalación, dijo: “El Paquito Espinosa está como dormido.” Este reportero murmuró muy quedo: Lo han dejado dormir.

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